Villarica, ¡que sustos que das!

A las 21:30 de la noche llegamos a Pucón, uno de los lugares más turísticos de todo Chile. La pequeña ciudad se sitúa a 17 km de un volcán activo, ni más ni menos que el Villarica que hizo erupción 20 días antes de nuestra llegada. Ahí vamos nosotros tan valientes a buscar el riesgo!! Como le de por echar chispas otra vez…

Nos alojamos en el Hostal Refugio por 5500 pesos por persona y noche en una carpa-dormitorio gigante que tienen en el patio. A pesar de unas cuantas goteras, se duerme genial y no se pasa frio para nada. Hostal cálido y acogedor, en el que sobro todo destacamos la amabilidad y simpatía del grupo que lo regenta.

Una de las ideas que nos trajo a Pucón fue la de hacer alguna ruta de senderismo al volcán Villarica pero, lamentablemente el mismo erupcionó semanas antes y aun hoy escupe humo de manera muy seguida, por lo que cualquier ruta entorno al volcán estaba cerrada.

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Aprovechamos que el día siguiente a nuestra llegada estaba algo lluvioso y nublado para descansar en el hostal y conocer la ciudad. Paseamos por la playa de piedra que tiene frente al lago, visitamos las decenas de tiendas curiosas y subimos al cementerio desde donde se tiene una fantástica vista de Pucón acorazada por las montañas y el lago. Aquí arriba en el cementerio hay un Cristo de madera que mira hacia la ciudad.

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Esa noche vivimos uno de los espectáculos más impresionantes que nunca habíamos vivido. Mientras cenábamos, Ceci, que trabaja en el hostal, nos llamó a la calle corriendo y nos apuntó hacia el volcán… Aunque estaba a 17 km de donde estábamos nosotros, era como si lo tuviésemos justamente al lado, la imagen era muy impactante porque se veía la silueta de 2847 metros de altura de éste arropada con nubes sobre el cráter, pero estas nubes tenían un color rojizo fuego resultado del reflejo de la lava en ellas.

Nuestro segundo día pintaba mejor que el anterior por lo que nos fuimos hacia el Parque Nacional Huerquehue. Hay una compañía de autobuses que va hacia el parque pero hay que asegurarse de los horarios. A la entrada al parque hay que pagar 4500 pesos por persona y registrarse de acuerdo a la ruta que se hará. De las diferentes que hay, nosotros decidimos hacer el Sendero San Sebastián que por suerte estaba abierto, ya que si el tiempo no acompaña no permiten el acceso. El trayecto de ida y vuelta son unas 6 horas y hay partes del trayecto en las que hay que ayudarse con las manos para poder continuar, pero las vistas recompensan cualquier esfuerzo hecho.

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A la llegada al centro de informaciones para tomar el autobús de vuelta a Pucón, éramos unas 50 personas para subirnos en uno pequeño de unas 25 plazas. El chofer nos comentó a todos que como fuese teníamos que coger en él porque el último bus no vendría, habían decretado alerta medía y evacuación voluntaria debido al aumento de actividad del volcán en las últimas horas. Madre mía que sustito!!

Al día siguiente a esta caminata nos íbamos de vuelta a Santiago en autobús nocturno por lo que teníamos todo el día para seguir visitando. Nos fuimos hacia los Ojos del Caburga, un par de cascadas que, según los nativos, asemejan un par de ojos. Cuando nosotros fuimos era época de lluvia por lo que los ojos se habían convertido en uno solo.

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Desde aquí hicimos autoestop hasta el Lago Cabulga donde pasamos unas horas paseando completamente solos. En los meses de verano, esto es totalmente impensable. Que paz que transmite este lugar.

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Preciosa zona para pasar unos días, aunque hay que tratar de ir fuera de temporada. La razón por la que fuimos no pudo realizarse, así que… ¡Nos volveremos a ver Villarica!

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